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El verano suele ser un momento esperado por los niños: más tiempo libre, menos rutinas y más oportunidades de juego. Sin embargo, también es una época en la que en los últimos años se ha demostrado que el uso de pantallas tiende a aumentar de forma significativa. Sin horarios escolares estructurados, el móvil, la tablet o la televisión pueden convertirse fácilmente en “el plan principal” del día.
Este artículo ofrece 12 consejos prácticos, desde una mirada psicológica, para ayudar a las familias a equilibrar el uso de pantallas durante las vacaciones, sin guerras constantes en casa y fomentando una conexión más auténtica. En esta primera parte veremos 6 consejos para disfrutar más con nuestros pequeños.
1. No conviertas las pantallas en el plan principal del verano
Durante el verano es habitual que el uso de pantallas aumente de forma significativa. Hay más tiempo libre, menos rutinas estructuradas y, en muchas familias, menos recursos para organizar cada momento del día. En este contexto, el móvil, la tablet o la televisión pueden convertirse fácilmente en la actividad principal.
El problema no es el uso puntual de pantallas, sino cuando estas pasan a ocupar el lugar central del ocio infantil. Desde la psicología sabemos que los niños necesitan variedad de experiencias para desarrollarse de forma saludable: juego libre, movimiento, interacción social, creatividad y también momentos de descanso sin estímulos digitales constantes.
El verano ofrece una oportunidad única para ampliar ese abanico de experiencias. No se trata de eliminar la tecnología, sino de evitar que sea el eje organizador del tiempo libre. Un día equilibrado incluye pantallas, pero también juego, conversación, aburrimiento creativo y actividades compartidas.
2. El aburrimiento no es un problema
El aburrimiento suele generar incomodidad tanto en niños como en adultos, pero en realidad cumple una función muy importante en el desarrollo infantil. Cuando un niño dice “me aburro”, no está indicando un problema, sino una necesidad de reorganizar su tiempo y buscar nuevas formas de estimulación.
Si cada vez que aparece el aburrimiento lo resolvemos con una pantalla, el niño aprende que no necesita tolerar ese estado ni buscar alternativas por sí mismo. Sin embargo, cuando le damos espacio para aburrirse, se activa la creatividad, la imaginación y la capacidad de iniciativa.
El aburrimiento es el punto de partida de muchos juegos, ideas y proyectos espontáneos. Aunque al principio pueda haber quejas, si dejamos que se aburran, muchas veces terminan inventando actividades por sí mismos. No es necesario eliminar el aburrimiento, sino acompañarlo sin resolverlo automáticamente.
3. Establece momentos del día libres de pantallas
Las normas sobre pantallas funcionan mejor cuando son claras, previsibles y constantes. En lugar de decidir cada día de forma improvisada, es recomendable establecer momentos concretos del día sin dispositivos.
Por ejemplo, las comidas, la primera hora de la mañana o la última antes de dormir pueden convertirse en espacios libres de pantallas. Esto no solo reduce el uso global, sino que mejora la convivencia familiar y la calidad de la comunicación.
Cuando los límites son estables, los niños los aceptan con mayor facilidad, ya que dejan de percibirlos como arbitrarios o negociables constantemente. Además, estos espacios permiten recuperar momentos de conversación, juego o simplemente presencia compartida.
Desde un punto de vista psicológico, la previsibilidad reduce el conflicto y ayuda a regular el uso de la tecnología sin necesidad de discusiones continuas.
4. Aprovecha el verano para recuperar el juego
El verano es el momento perfecto para volver a disfrutar del juego libre, ese que no necesita pantallas, aplicaciones ni grandes preparativos. Jugar es mucho más que entretenerse: es una forma de aprender, desarrollar la creatividad, resolver problemas y fortalecer el vínculo con los demás.

Muchas actividades cotidianas pueden convertirse en momentos de juego si invitamos a los niños a participar. Cocinar juntos, inventar historias durante un viaje, hacer un puzle después de comer o preparar una caja de actividades para los momentos de aburrimiento son pequeñas propuestas que ayudan a reducir el uso de pantallas de forma natural.
No se trata de llenar cada minuto con actividades, sino de recordar que las experiencias compartidas suelen dejar una huella mucho más profunda que cualquier vídeo o videojuego.
5. Las pantallas no deberían calmar las emociones
Es habitual recurrir a una pantalla cuando un niño está enfadado, frustrado o nervioso. A corto plazo puede parecer una solución eficaz porque la emoción desaparece rápidamente. Sin embargo, si esto ocurre con frecuencia, el niño puede aprender que la única manera de sentirse mejor es desconectando de lo que siente.
Las emociones necesitan ser escuchadas y acompañadas. A veces basta con ponerles nombre, ofrecer un abrazo, respirar juntos o esperar unos minutos para que la intensidad disminuya.
Las pantallas distraen, pero no enseñan a gestionar la frustración, la tristeza o el enfado. Aprender a tolerar esas emociones forma parte del desarrollo emocional y les ayudará también en la adolescencia y en la vida adulta.
6. Cuidado con el móvil de los padres
Los niños aprenden observando mucho más que escuchando. Por eso, antes de preguntarnos cuánto tiempo pasan ellos delante de una pantalla, conviene reflexionar sobre el uso que hacemos los adultos del móvil.
Responder un mensaje durante la cena, consultar continuamente las redes sociales o mirar el teléfono mientras jugamos con ellos puede transmitir el mensaje de que el dispositivo siempre es más importante que la conversación.
No se trata de dejar de usar el móvil, sino de reservar momentos de presencia plena. Guardarlo durante una comida, mientras jugamos o durante un paseo puede marcar una gran diferencia en la calidad del tiempo compartido.
La semana que viene veremos más consejos que os pueden ayudar a hacer de este verano un verano inolvidable para tus hijos y para vosotros mismos. ¡FELIZ VERANO SIN PANTALLAS!
Publicado originalmente el 1 de julio de 2026 en el blog de Psicología Marta. Ver publicación original ↗



